Estimada Señora:

Quisiera comenzar diciendo algo que no es necesario: “Soy crítico de su gobierno”.

Ahora, que por un segundo miramos de reojo la oportunidad inoportuna de escribir estas lineas, es mi intención señalar algunas cosas (que con seguridad usted nunca va a leer).

Entre la ideología y la necedad. No hay que dudar: “Una idea vale más que mil palabras”.

Pero también es necesario aclarar que no se trata de “retenciones o incentivos”. El problema del campo, o de los sojeros, no es una “política productiva agro-industrial”. Se trata de saber si están “incluidos” o son satélites del proyecto de país que usted sostiene.

Un país que no define su “objetivo de desarrollo”, es un país que “nunca resolverá su conflictividad de clase”.

Las señoras de Barrio Norte o La Sociedad Rural, saben cual es el “proyecto de país que les conviene”.
El problema radica en “los compañeros de ruta” que usted eligió para construir el “objetivo K”.
Quiero decir que Felipe Solá mirará de reojo a Moyano, y este a Alberto Fernandez, todos comerán de la misma mesa.
Con toda seguridad, a la hora de “compartir el pan” de los apóstoles, algunos ya lo abran vendido a un mejor precio.

“La revolución es dar un paso adelante y a lo sumo dos atrás. Pero siempre, caminar adelante”. Usted, sabe que no será fácil.
Con seguridad, ellos esperarán que sus piernas no resistan el camino empedrado. Siempre, estuvieron agazapados. Pero también convengamos que en varias oportunidades, usted los invitó a beber de su copa.

El paro del campo es una “resultante ideológica y no económica”. Que duda cabe.

Si Delía es impresentable, no por su condición social sino por su inconducta intelectual-política, lo es también Ulloa o Cristobal Lopéz, en sus roles de “Yabranes sureños”.
“Un capitalismo de Estado no es el capitalismo humanizado del General Perón en los años de su primer gobierno”, repetían una y otra vez, los “muchachos de la JP de la Tendencia”.
La misma “Tendencia” que la hace ser “guerrera” y no “muñequita de estantería”. En honor, a la memoria, la única razón de ser de lo poco que nos queda.
Con respecto a mis colegas “de izquierda”, de “centro-izquierda”, “progresistas”, seudo-progresistas, y demás yerbas de un “periodismo inde- pendiente de los medios”. Usted no debe enojo-quivocarse en su crítica.
Nosotros somos necesarios como el virus que puede generar anticuerpos. Somos “gatafloras” de redacción.
Pero damos la vida por vivir en Democracia: “Nuestros muertos, y ausentes, nos obligan a no equivocarnos de enemigo”.
Y es precisamente, “el enemigo” que todavía no se puede explicar, la “dificultad” más evidente de su gobierno.

¿Quienes son? ¿Dónde están? ¿Cómo podemos combatirlos?.

Si hablamos de la “Oligarquía” de Delía, son todos los que superan una ganancia de 10.000 pesos mensuales, siempre y cuando, la factura de su “hogar” no le arroje gastos por 20.000 pesos.
Si hablamos de la “Oligarquía” de Alberto Fernandez, serán aquellos que no van a comer a su restaurante de Puerto Madero, o no son vecinos de su apartamento.
Si hablamos de la “oligarquía” de Cristobal Lopéz, son todos aquellos “no” socios, de sus negocios, en juegos de azar o petroleros. Y por supuesto, si no son de Santa Cruz.
Si hablamos de la “Oligarquía” del viejo Cepernic, es la misma de siempre, ahora “reciclada” y en “internet”, con sus viejas “costumbres” y “antojos”. Y con hijos “bastardos” que no tienen su dinero, ni lo tendrán, pero les gusta “golpear cacerolas de acero inoxidable”.

Claro que soy crítico de su gobierno, señora presidenta.

Pero entre usted y ellos, la cosa es clara.
Usted no me conoce, y con seguridad discutiríamos. En cambio, como diría un viejo amigo en común: “Con ellos ni justicia…”

Dady Rubio – 6:00 am –

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