No es el Rey de España que le gritó a Hugo Chavez, en una muestra de monarca desubicado de reino.
Se trata de un grito mucho más fuerte y silencioso.
Después del escándalo de los muchachos venezolanos detenidos en Miami por el FBI.
Y el protegido Wilson Antonini, la diplomacia del norte no tardó en reaccionar a su boomerang:
El gobierno de los Estados Unidos aseguró esta tarde que el caso de la detención y declaración en Miami de tres hombres vinculados al venezolano Guido Antonini Wilson, que involucra a la Argentina, “no tiene nada que ver con las relaciones bilaterales”.
La desvinculación de la administración de George W. Bush con el caso que reveló que los 800 mil dólares de la valija tendrían por destino el financiamiento de la campaña electoral en Argentina de un candidato presidencial , llegó de la mano de la vocera de la Embajada de los Estados Unidos en el país, Mara Tekach.
Tekach indicó a la agencia DyN que la extraña desviación del caso “es una causa legal que implica supuestas violaciones de las leyes de los Estados Unidos por parte de agentes extranjeros” pero “no tiene nada que ver con las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos y la Argentina” que “se basa en valores compartidos” (fuente Pefil.com)

La Reina Cristina sabe donde le duele el golpe a la administración Bush: “Decir con diplomacia que son una basura permanente, que inventa operativos de propaganda con gobiernos que no le son afines, y sobre todo anti-imperialistas…”

Pero es interesante poder anotar algunos datos biográficos que muestran también como reacciona nuestra Cristina cuando le mojan la oreja:

“…Los relatos de amigos y la biografía autorizada que publicó Olga Wornat, Reina Cristina, aportan poco.
Una madre fuerte, Ofelia Wilhem, militante sindical en la Asociación de Empleados de Rentas e Inmobiliario (AERI) y reconocida “tripera”, fanática de Gimnasia y Esgrima La Plata, a cuyas improbables hazañas asiste con camiseta y gorro azul y blanco.
A doña Ofelia le prohibieron integrar la lista encabezada por el polémico Juan José Muñoz para conducir el club. Razones de Estado…”

“…La señora Wilhem fue el eje de esa casa. En cambio, papá Eduardo fue un colectivero ausente que se integró a la familia cuando Cristina tenía dos años y estaba en camino su hermana, Giselle.
Entonces se formalizó el matrimonio. Eduardo Fernández murió en 1982. “Con su hija mayor tuvo siempre poco diálogo y escasas manifestaciones de afecto”, dice alguien que lo conoció.
Su lugar en la vida de Cristina lo ocupó, especula Wornat, el tío Osvaldo Fernández, que murió bajo la balacera circunstancial de un enfrentamiento entre guerrilleros y policías, en 1974…”

A propósito de Giselle, un dato que marca una forma de reaccionar es este relato:

“…Giselle estudió medicina. Ejerce esa profesión desde hace más de 15 años, superados ya algunos altibajos anímicos, en el mismo sanatorio: el Hospital Rodolfo Rossi, de La Plata.
Esta otra doctora Fernández es apreciada por sus colegas como una gran profesional. Jamás movió un dedo para aprovechar en su carrera el poder de la hermana y el cuñado.

“Eso sí, no te le pongas en el camino si se le cruza algo en la cabeza porque es capaz de pasarte por encima”, aconseja otro médico del servicio de terapia intensiva. Aires de familia…”

Y finalmente para entender el comportamiento y la respuesta a los EE UU, esta perlita…:

“… Los días de Cristina comenzaron a transcurrir entre reuniones políticas y pensiones universitarias en las que los jóvenes del interior ensayaban una independencia que envidiaban los hogareños chicos de La Plata.
De esos años, que se sucedieron en el discutible izquierdismo que ofrecen los peronistas, datan algunos hallazgos cruciales para la nueva Presidenta.

Por ejemplo, la noción –asombrosa para cualquier adolescente– de que las ideas pueden encubrir intereses. El descubrimiento, muy de época, del imperialismo como factor de la política internacional, que ahora sólo sirve para justificar la ignorancia del inglés: “Para nuestra generación –suele exagerar Cristina– ese idioma sólo servía para decir yankees go home”.
También de aquella temprana socialización deriva una tendencia a cuestionar las burocracias establecidas, a buscar la disrupción. Destilada por los años, esa inclinación puede inspirar discursos reformistas, convocatorias a una institucionalidad superior.
Claro, en aquellos jóvenes la adhesión a formas mentales de la izquierda convivía demasiado bien con el componente decisionista, si se quiere autoritario, propio de las agrupaciones peronistas y que describió bien Pablo Giussani en su Montoneros, la soberbia armada.

También hay que buscar en aquellos años de juventud el origen de un modus operandi que, acaso, todavía caracteriza la toma de decisiones del Gobierno.
Un dirigente peronista que actuó por entonces y en ese ambiente, define: “Los Kirchner son herederos de un modo de conducción propio de la orga. En eso son setentistas puros. Hay un grupo cerrado, hermético, minúsculo, donde se toman las decisiones. Sólo allí se delibera. Y lo que resuelven se baja al resto, del que sólo se espera acatamiento.
Ejecutores irreflexivos como Julio De Vido o Guillermo Moreno sólo son apreciables en ese orden de funcionamiento”. Categorías, formas de la visión y la sensibilidad que acompañan a Cristina hasta ahora…”
Por Carlos Pagni

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