-Hola, tanto tiempo… ¿todo bien?
-No.

Más allá de los dolores musculares en una pierna y de una muela que lo tiene a mal traer, el monosilábico intercambio de palabras con el que el Indio Solari recibe a LA NACION luego de tres años de ausencia en los medios habla tanto de la personalidad de este artista, como cada uno de esos seudomonólogos apasionados que disparará poco después, a lo largo de dos horas de entrevista y con la excusa de la edición de su segundo álbum sin el amparo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota…(Entrevista en La Nación continúa)

(Nota de Clarín) “…Este señor de 58 años por el que cientos de miles de fanáticos pagarían por compartir al menos una copa es, parece, un hombre común.

Debajo de la proyección popular que lo petrificó como “una fría y enigmática estrella del rock independiente”, lo que se vislumbra en este mediodía soleado en su casa de Parque Leloir es una idea bien diferente.
El Indio Solari disfruta haciendo zapping a cualquier hora por televisión, corre todas las mañanas con radio y auriculares para escuchar un poco la Rock & Pop y La Mega, colabora con Greenpeace, cuando puede lleva a su hijo (Bruno) al cine, adora a su mujer (Virginia), quiere a su perro (Saturno), dejó el cigarrillo y casi el whisky. Y hasta cambió su círculo de amigos: “Me junto muchos con los padres de los compañeritos de colegio de Bruno, gente muy macanuda. No me cargosean, son juiciosos.
Ya decidimos abandonar la excusa de los chicos y reunirnos porque sí”.Es gentil, charlista y trasunta en cada uno de sus dichos un apasionamiento que suena sincero.
Utiliza, como siempre, palabras que ya casi no se escuchan (“soy medio chúcaro”) y metáforas pintorescas (morirse es “entregar el sachet”, para graficar su esperanza de estar vivo para la adolescencia de su hijo dice, por ejemplo: “Si es que todavía tiro papel picado en este cascote”…).
Ahí está: repantigado en el sillón de su estudio. Acaba de poner en el equipo su flamante segundo disco solista Porco Rex -que sale el jueves 6- (ver El disco…) y se queda escuchando junto con el periodista, en silencio, haciendo cada tanto la mímica de tocar la bateria.
Dirá: “Es un disco conceptual, muy personal. Habla del deseo, del amor, la traición y la muerte“….(continúa la nota en mundoredondo1.com.ar)
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