El Tiempo de Colombia dirá: “…Habría sido admirable si no fuese un ególatra absoluto, una Bestia que solo reconocía la existencia de lo que estaba a su alcance.” Así describió Norman Mailer a Norman Mailer en Los ejércitos de la noche, una novela contra la guerra de Vietnam que pretendía ser al mismo tiempo ficción e historia y cuyo protagonista era él mismo.
Para entendernos mejor, más que una “Bestia”, Mailer, que acaba de morir en Nueva York a los 84 años, era una fuerza desbordaba de la literatura: novelista, cuentista, cineasta, cronista, crítico literario, articulista, es, quizás, el último de esa estirpe de escritores que llenan todo con su presencia y su ego, como Tolstói o Hemingway.
Fue genial, provocador, combativo, pacifista, aspirante a político, fracasado estudiante de ingeniería, antifeminista e incontinente verbal.

La Paz se mide en centímetros de batallas
eternas.
La noche te descubre en el medio del dolor
de una mirada de avispa.
La luz que se cuela por el escaparate de tus
miserias.
La rebeldía que se bebe tu jugo sagrado, al
tiempo que te escupe cuentos.
“El periodismo es una forma refinada de
prostitución” nos dijiste, y te fuiste
a beber copas de clientes que no podían
pagar tu sexo.
Fuiste la pulga en la oreja de la moral
burguesa, y te hiciste viejo zorro
corriendo a colegialas en el medio de la
nada.
Continente de palabras y palabras como fuego
que consume lo inesperado.
Gracias por no estar y estar en la medida
que se te plazca las
ganas.
Niño-Hombre y Anciano que jugáis a ser punzante:
cargaste el fusil y disparaste.
Viejo Zorro…ahora querés que jamás te
olvidemos…
(DR)

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